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 Asunto: Entender la muerte
NotaPublicado: Vie May 30, 2008 6:52 am 
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por Óscar Jara Albán

Hablar de la muerte se considera tabú o de mal gusto. Al muerto se le encajona, se le acristala, se le tapa, se le camufla con flores y olores. Sin embargo un hecho tan cercano y propio del ser humano necesita ser entendido para saber vivir mejor.

Un grupo de educadores de la Universidad Autónoma de Madrid defiende la inclusión en las escuelas el tema de la muerte, como ya sucedió con la educación sexual, porque aprender a entender la muerte es lo más propio y universal que nos sucede a los seres humanos.

Muertos o moridos

La sinceridad infantil es la primera fuente de aprendizaje que los mayores despreciamos con necedad. Si se pregunta a un niño ¿qué es la muerte?, ¿Qué le ha pasado a la mamá de Bambi?, la respuesta es un claro: no sé. En cambio si un niño pregunta a un adulto, ¿por qué se ha muerto mi abuelita? Las respuestas suelen ser variopintas. Oscilan desde la evasión de la respuesta hasta la hipótesis del cielo-limbo-purgatorio-infierno.



[La muerte está condicionada en los adultos por la presión cultural. Grabado: Washington Mosquera]

La ausencia de seguridades en la educación de un niño que descubre la muerte se convertirá en una carga de angustia de muerte, cuando se haga adulto, fruto de unas explicaciones pseudológicas y patéticas, tan poco esclarecedoras y aparentemente inofensivas.

El niño es sincero y responde desde su conocimiento un claro no sé o "no sabo". El adulto da respuestas estándar más vinculada a la creencia que se sabe. Son interpretaciones compartidas con otros adultos que surgen de las mismas premisas, diferentes al solo y honesto "conocer". Si se propone educar acerca de la muerte, se trata de evitar la explicación desde la angustia.

La educación actual no prepara para la muerte

Daniel, de seis años de edad, está enfadado con su hermano Javier (de cuatro años) porque no viene a jugar con él. Sus padres le han dicho, que su hermano ha muerto y ha ido al cielo, pero Daniel no acepta su ausencia, siente miedo y sentimiento de culpa, y cree que Javi no viene porque ha sido malo. También deduce que no viene su hermano porque no le quiere ya, porque si le quisiera de verdad, vendría.



[Los miedos de Daniel: Los miedos de Daniel. Daniel, 6 años de edad]

Esta desesperanza y la negación a aceptar que una ausencia pueda ser definitiva es común en los niños, rasgos que permanece en los mayores que cubren la falta de la persona querida, con ritos o guardando objetos evocadores.

¿Pero es oportuno introducir todo lo relacionado con la muerte en las etapas más tempranas de la educación?

Agustín de la Herrán Gascón, profesor de la Universidad Autónoma, cree en la necesidad de incluir la muerte como contenido educativo, en la etapa infantil: "Ante una experiencia trágica vivida por un niño, se puede hacer bastante más que consolarle o dejar pasar el tiempo, para que el problema se vaya solucionando más o menos solo, con jarabe de tiempo... Se deben enseñar los rudimentos de todos los saberes adultos desde los primeros años. La educación infantil es la más rica y creativa en cuanto a realizaciones y se debería comenzar a afrontar en esta etapa todos los temas de nuestra naturaleza. ¿O acaso no hay relaciones evidentes entre muerte, ciclos biológicos, educación ambiental, sexual...? Creemos que si desde las aulas no se incluye el tema de la muerte desde un contenido global y ordinario, no se estará enseñando a vivir completamente".

Los niños juegan y hablan de la muerte

Los niños tienen miedos y temores, uno de ellos es el miedo a la propia muerte. Depende de la edad. Los niños menores de cinco años no son capaces de formarse un concepto de la muerte, su percepción del tiempo y del espacio es muy limitado, en ellos prima el miedo de separación a la madre.

Los comprendidos entre seis y diez años muestran un mayor miedo a la mutilación y por último, son los mayores de diez años los que presentan un miedo elevado a la muerte. Pero estos miedos son reforzados por el entorno cultural. Son miedos socializados.

Los niños hasta los seis años de edad juegan a representar la muerte. Es el fruto de la observación. Se "duermen" como hace el rey Mufasa en la película el Rey León. El estado de sueño es la primera identificación con la muerte. Primera diferencia vida/muerte igual a dinámico/estático.

También el concepto de ciclo vital, de edad que avanza, que se envejece comienza a calar en los niños.

En los juegos y primeras interpretaciones de la muerte hay grados. No es lo mismo que se muera una planta que un animal. No es lo mismo morirse de manera permanente que revivir una vez terminado el juego. No es lo mismo que se muera alguien próximo que alguien que se percibe lejano al propio mundo de las vivencias. Es decir no será igual que se muera un indio que un vaquero, un tío que la mamá.

Según Agustín de la Herran, este criterio de raíz natural , debe tener algunas correcciones mediante la educación "para evitar la vivencia egótica nacionalista o racista que nos puede hacer valorar de una manera distinta la muerte de unos ciudadanos españoles que otros africanos, asiáticos o gitanos, que son las mil y unas caras de los infantilismos adultos, cuyo origen(el ego humano) parece invisibles para la educación y la cultura convencionales".

El niño comienza a asumir la realidad de la muerte y se defiende de ella a través de su creencia de que es capaz de influir sobre esa realidad. Los niños pequeños descubren la muerte en su medio físico y social. La buscan por sus causas y la superan con rituales llenos de magia y fantasía. Son juegos de salvamento y resucitación mediante los cuales las heridas y los muertos se curan. Mediante estas simbolizaciones se superan egocentrismos, la culpabilidad se transforma en solidaridad y se comienza a elaborar el desarrollo de capacidades, como las de ayuda, compasión, ponerse en el lugar de otro...

El contrato de vida

Tarde o temprano la realidad se impone, tanto para el niño como para el adulto, y se comienza a asumir la realidad de la muerte. En el niño hay estadios de adaptación de esta realidad que escapa a su control. Estas fases de aceptación son parecidas en los niños y en los enfermos terminales antes de asumir maduramente el hecho irreversible de la muerte.

Cuando la realidad se impone, una forma de afrontarla con éxito total es asegurándose mediante un contrato de vida. Una niña, Julia de 3 años, excepcionalmente consciente de la idea de que todas las personas tienen que morir, también su madre, entra en depresión y falta casi dos semanas al colegio: no come, llora, se queda en la cama, hasta que la madre que conoce la situación, le promete no morirse nunca. La respuesta es inmediata: la niña se levanta y come lo que no había comido en tres días.

El establecimiento de las causas de la muerte también posee mucho interés para el niño. Al familiarizarse con los efectos y causas de la muerte, el niño pretende vestirla de realidad cubriendo así la ansiedad y el miedo que sus fantasías y fantasmas le llenaban. Esto ocurre porque el conocimiento le da seguridad y aumenta su capacidad de razonamiento lógico.

Además de las causas de miedo ligadas al desarrollo del niño, hay que contar que en la sociedad de bienestar y consumo, los medios son fuentes de miedos. Pensamos en aquellos programas de impacto que deben su éxito a la cantidad y variedad de accidentes que presentan.

En una época en que reina la imagen, y por ello el movimiento de la razón hacia lo superficial, lo efímero, la idea de muerte como concepto básico, como realidad, se va trasvistiendo de representaciones que nunca llegan a atrapar su verdadero significado.

Una causa más para educar en un plano de razón distinto al visual.

Pautas de actuación para una eventualidad trágica

En su libro ¿Todos los caracoles se mueren siempre? se dan pautas específicas en caso de actuación para que los padres y maestros puedan explicar la muerte de alguien cercano a un niño.

Lo primero es la coordinación y coherencia para no entrar en contradicciones y pactar una versión. La sinceridad y evitar el engaño es decisivo. Dar una versión falsa carece de utilidad y sentido( se ha ido de viaje, etc..). Permitir la expresión natural de sus emociones, sin estimularlas (tú lo que tienen que hacer es llorar) o reprimirlas (no llores más) ayudando a interpretarlas y a expresarlas.

Lo más adecuado es afrontar la realidad de forma tranquila, para favorecer desde la serenidad, el transcurso de las posibles fases de elaboración y aceptación de la experiencia de vacío y pérdida por parte del niño.

En situaciones extremas como es la percepción directa del cadáver (que en edades tempranas no conviene llevarlas a cabo) pero que circunstancialmente puede darse de duelo directo, se recomienda como lo más natural y educativo hacer el esfuerzo de continuar integrando hasta el último momento al fallecido en la familia, contando con la participación del niño, y siguiendo las siguientes pautas:

* Si el niño expresara su deseo de verle, el proceso debería revestirse de naturalidad, desde la libertad de los padres y el niño .Dejarle elegir, y respetar no sólo su palabra sino sus gestos dándole mucha importancia. Puede llegar a ser una experiencia intensa, y aunque inevitablemente triste, una tristeza disfrutada.
* Deben acompañar al niño en este trance personas cercanas entrañables. Los padres si están en las mejores condiciones de serenidad o tranquilidad.
* La oportunidad es buscar un momento de tranquilidad, si es posible de soledad ante el cadáver. Puede pedirse que nos dejen a solas con el niño y que no se interrumpa durante unos minutos para evitar interrupciones o interferencias o contaminaciones, con escenas de lloros o situaciones parecidas.
* Reconocer que el fallecido está tan dormido como la Bella Durmiente, como Blancanieves, tan dormido que ya no nos puede mirar, no nos puede hablar, no respira, porque está como en el más profundo de los sueños.
* Despedida, ya que si el abuelito, tío, vecina... ya no nos oye, podemos decirle adiós nosotros, expresar lo que quiera, quejarse, llorar, hablar bajito.

Si el niño llegara a despedirse se habría conseguido la primera fase de aceptación de realidad de la muerte.

Tratamiento saludable de la muerte

Introducir en los campos educativos un tema como este es sin duda controvertido. Para Agustín de la Herrán la muerte como la vida entera ha de entrar en las escuelas y trabajarse en ellas desde la naturalidad y el rigor derivados de una buena formación. ¿O es quizá demasiado tarde para algunos? ¿Podría ser demasiado tarde para nuestra educación?

El inicio de un nuevo milenio puede ser el umbral de enterrar tabúes.

Antes ya se hizo algo parecido con la educación sexual, cuya polémica era -y sorprendentemente sigue siendo- objeto de escándalos en escuelas y colegios, y de artículos y debates en medios de comunicación.

La diferencia básica con la educación para entender la muerte es que la sexualidad es sonora porque versa que es tratada constantemente por la imaginación y la falta de imaginación del ser humano, y el placer es popular.

En cambio la muerte, asociada al dolor, es tan poco deseado como tema y oscurecido por creencias y ritos. La medicina, religión, psicología paliativa, filosofía y literatura se han apoderado de ella. Ya va siendo que se le de una oportunidad a la educación.

Si usted lector ha llegado hasta aquí, es que ha superado esa primera impresión ancestral y es una esperanza para afrontar de otra manera la muerte, ya que como decía Fenelón: "La muerte sólo será triste para los que no hayan pensado en ella".

Fuente: http://www.babab.com/no06/muerte.htm
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NotaPublicado: Vie May 30, 2008 10:22 am 
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Estoy totalmente de acuerdo con el tema, pienso que deberíamos hablar con más naturalidad de la muerte, sobre todo a los niños.
Debería ser una asignatura obligatoria en las clases, si se dan clases de sexualidad, porqué no de muerte. Si los niños tuvieran una información real, tal vez no nos sería tan trágico de mayores.
Yo he tenido dos experiencias con la muerte, estando con mi hija pequeña, con una vecina que murió, y la llevé al tanatorio y entró a verla y lo vió como natural, me dijo:" La vecina está durmiendo, pero está bien". Luego al morir su abuelo, lo aceptó como una cosa natural y me habla cada día de él, nosotros procuramos que no se olvide y hablamos delante de ella de cualquier tema relacionado con la muerte. Eso sí, me tacharon de loca cuando la dejé entrar a ver los difuntos cosa que no entiendo, pero bueno.

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NotaPublicado: Vie May 30, 2008 5:37 pm 
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Si de pequeño me hubieran tratado igual que yo trato de enseñar a mi hija, no tendría ese miedo cerval hasta a las pelis de terror.
Ha sido de grande cuando he podido cambiar algunos de mis "malos habitos" como no entrar a ver a los muertos en los tanatorios o velatorios, etc.
Uno siempre intenta proteger a sus hijos, y creo que una forma de hacerlo es quitarle el miedo a la muerte aunque no el respeto.

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NotaPublicado: Sab May 31, 2008 9:25 am 
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Registrado: Sab May 31, 2008 9:02 am
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Ubicación: Donde brotan las rositas...
El tema de la muerte tomo mucho interes de mi parte, luego de mis cursos de reiki. Gracias a las informaciones, conferencias, temas y conversas en torno a ella, pude develar ese velo pesado, oscuro e inombrable como es la muerte y para sus efectos, los fantasmas....donde son esas manifestaciones que se presentan luego de la muerte.

La muerte para los occidentales esta llena de tabus, mitos, verdades etc. pero para otras culturas es el paso a la mayor felicidad, celebrandola como algo que forma parte de nuestra existencia. Algunos muertos son despedidos con fiestas, alegrias, conociendo que entramos a otras dimensiones y que de algun modo regresaremos mejor encarnados. En nuestras culturas, esta envuelta en llanto, tristezas y agonias para los dolientes del mismo.

EN casa, pues realmente el tema de la muerte se habla cuando les explico a los mas chiquitos que los fantasmas no son malos, que la muerte esta ahi, solo que debemos cuidarnos para protegernos. Hasta ahora no los he llevado algun velorio en si, puesto que espero no asistir a ningun velorio de nadie cercano, ( como veran no es factor miedo, si no factor deseo de larga vida a mis amigos). :wink:

En fin, es un tema complejo, fascinante, enriquecedor y por que no, llamativo que va desde la curiosidad hasta la compresion.

La Lumiere.
:uy:

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NotaPublicado: Mar Jun 03, 2008 1:02 pm 
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ETAPAS DEL PROCESO DE LA MUERTE. DISOLUCIÓN EXTERNA. REABSORCIÓN DE LOS ELEMENTOS (I) ELEMENTO: TIERRA
Las enseñanzas de la tradición tibetana, hablan de que los seres humanos somos, existimos y estamos conformados de acuerdo a cinco elementos físicos, (tierra, agua, aire, fuego, éter) y un sistema psicofísico que en esencia es pura energía, compuesto por una red dinámica de canales sutiles (Nadis), meridianos; de vientos, chi, aire interno (Prana) y esencias (Bindu)
La frontera entre la vida y la muerte no es un estado fijo, sino un proceso: primero se disuelve la forma física; después las formas mentales y pensamientos; y por último, la esencia divina abandona el cuerpo radiante y plenamente despierto. Mueren las formas, nombres e ilusiones, pero nada real muere jamás.... Si morimos de forma natural (enfermedad gradual) este proceso lleva un tiempo, que puede acelerarse en caso de muerte accidental o instantánea. Estamos familiarizados con los elementos externos que condicionan la manera de vivir, pero lo interesante es la interacción con los elementos internos.
¿Cómo se forma el cuerpo físico?
Las conciencias de los sentidos surgen de la mente

La carne, huesos, sentido del olfato y olores se forman del elemento tierra

La sangre, sentido del gusto, sabores y líquidos surgen del elemento agua

El calor, sentido de la vista, y la forma, se forman del elemento fuego

El aliento, sentido del tacto y las sensaciones físicas se forman del elemento aire

Las cavidades del cuerpo, órgano del oído y los sonidos, se forman del elemento espacio
El proceso de absorción de los elementos, se inicia en su primera fase, llamada “disolución externa” cuando desaparecen los vientos. Esto provoca la interrupción de las funciones corporales y los sentidos. Los elementos se disuelven, se purifican uno tras otro, y se retiran hacia el otro elemento. El resultado es que cada fase ejerce un efecto físico y psicológico en el moribundo, y se refleja en ciertos signos físicos externos, y determinadas experiencias internas. “Los elementos del cuerpo se purifican y se transforman desde sus manifestaciones burdas, a su pura esencia: los colores. A medida que el cuerpo se disuelve en los colores (azul, verde, blanco, rojo y amarillo) se forma un arco iris (Cuerpo de Luz)” (Namkai Narbu en su libro “Yoga de los sueños”).
El primer elemento que se disuelve es el ELEMENTO TIERRA, que se retira hacia el elemento agua. Este elemento corresponde con la parte más material y dura del cuerpo (esqueleto, carne, huesos, músculos,...) Al ir desapareciendo el viento que lo anima, el cuerpo pierde fuerza y energía y quedamos postrados en la cama. Las sensaciones internas que podemos llegar a experimentar son de caerse, hundirse, sentirse pesado. La mente por su lado, estará inquieta, confusa, la atención se vuelve hacia el interior y se ven espejismos. En el exterior se puede observar que se va instalando en el cuerpo la rigidez, inmovilidad; la cara pierde su color y los pómulos se hunden. La actitud que debería instalarse en el moribundo es el de mantener la atención y la paz, en lo que le sucede, permitiendo que pase sin luchar contra el proceso; por su lado, familiares y acompañantes, deben permanecer a su lado, serenos y sin dramatismos, ni llantos, quejas...permitiéndole que esté en su quehacer interno, y procurando aliviar sus necesidades de cualquier orden.
ETAPAS DEL PROCESO DE LA MUERTE. REABSORCIÓN DE LOS ELEMENTOS (II) ELEMENTOS: AGUA
Ya emos plasmado la idea de que los elementos se purifican uno tras ejerciendo un efecto físico que se refleja en signos externos, por un lado y unas experiencias internas, por otro. Una vez transitado el elemento tierra (ver boletín n.2), que corresponde con la parte más material y dura del cuerpo, nos detendremos en este número en describir la disolución del elemento agua. Cuando hablamos de la disolución de los elementos, es gráfico utilizar el símil de un coche en el que dejan de funcionar uno por uno y de manera gradual, todos sus componentes. El dueño o conductor puede mirar confuso qué es lo que pasa, o directamente asumir que ha cumplido su tiempo y debe desprenderse de él.
Acabada la disolución del elemento tierra (ya estamos encamados, el cuerpo ha perdido fuerza, color y energía; y la mente puede estar agitada, confusa), la sangre, sentido del gusto, sabores y líquidos que surgen del elemento agua, comienzan a perturbarse: perdida de control sobre los líquidos corporales, los ojos, garganta y boca se resecan, y sentimos mucha sed. La sangre circula más densa y comenzamos a temblar. La mente se vuelve irritable, frustrada. Dejamos de entender las palabras (aunque podemos oír oír el sonido de las voces del exterior) apagándose la conciencia sensorial auditiva, y puede que aparezca la sensación de sentirnos ahogándonos en un río y océano. Se va apagando el agregado del sentimiento; las sensaciones de placer o rechazo del cuerpo disminuyen. Internamente ves una bruma con humo. Cuando experimentes todos estos síntomas, no tengas miedo, ya sabes que es un fenómeno natural y conocido. Relájate y deja que suceda, que te guíe. Es el momento de recordar que no tienes control, es parte del viaje (como las sensaciones nada gratas al despegar o aterrizar en un avión que nos lleva de vacaciones
El elemento agua se disuelve en el elemento fuego, que pasa a primer plano por su capacidad de sostener la conciencia. (próximo boletín)
Inversamente a esta tendencia de ir hacia arriba, a depurarse, perdiendo densidad, desmaterialización, en la eternidad, existe el otro ciclo centrípeto hacia la materia, el tiempo: la formación de la materia de lo sutil a lo denso. Es el momento de la concepción, en el que se produce una fuerte concentración, se comprime toda la información en una sola célula y comienza un proceso de expansión, crecimiento y multiplicación. Según concretamos hacia la materia, el sentimiento se somatiza a través del sonido y genera los sentidos. Son el puente entre la energía no material y la materia.
El ciclo se inicia cuando la vibración sonora se concentra en el oído (elemento agua). Para experimentar la vida, debemos amarla y para ello tener confianza. Van apareciendo el resto de los sentidos, según la energía se va concentrando. Con la primera inspiración se graban en nuestros átomos las vibraciones que serán la causa de las características de nuestra vida. Con la última expiración se grabarán las experiencias emocionales del corazón.
Al morir se duermen los sentidos; al nacer se despiertan.
La vida es limitada, la existencia no
ETAPAS DEL PROCESO DE LA MUERTE. REABSORCIÓN DE LOS ELEMENTOS (III) ELEMENTOS: FUEGO Y AIRE
¿Porqué escribir acerca de las etapas del proceso natural del morir? Nos guía la certeza de que meditar en ellas, intuir con lógica y razonamientos serenos nos conducirá a su aceptación, a abrirnos a la perspectiva de un amanecer a otros planos de existencia más sutiles. Comienza tú ahora a deshacerte de las creencias que no te dejan vivir la muerte como un proceso natural. Continuamos describiendo el proceso con los dos últimos elementos: Fuego y Aire. Es el fin de la disolución externa, que dará paso al proceso de disolución interna (pensamientos y emociones)
ELEMENTO FUEGO. Los síntomas físicos que le caracterizan, son sequedad completa en la boca y la nariz. Se disipa el calor del cuerpo que se va perdiendo gradualmente, empezando por los pies y manos hacia el corazón. No podemos beber ni digerir nada, ni percibir olores (es decir desaparece el sentido del olfato, deja de funcionar la conciencia olfativa) Se disuelve el agregado de la percepción y la mente oscila entre claridad y confusión. Ya no reconocemos, ni recordamos nombres, caras,... La sensación interna es de ser consumidos por una llama. El signo secreto es de chispas rojas que danzan sobre una gran hoguera.
El elemento fuego se disuelve en el elemento aire, y la capacidad de este elemento pasa a actuar.
ELEMENTO AIRE: Se hace difícil respirar. Inhalaciones cortas y forzadas, seguidas de exhalaciones largas. Ya estamos inmóviles. No se siente nada al tacto. Se disuelve el agregado del intelecto, quedando la mente sin conciencia del mundo exterior. Sentimos una antorcha, una luz lejana que nos envuelve. Tenemos visiones, alucinaciones (aterradoras o maravillosas, según nuestra vida). Sensación interna de ser arrastrado por un gran viento.
Bajamos al primer nivel de la mente sutil. La sangre se reúne en el corazón. Se produce una exhalación final y se para la respiración.
Se han apagado los 5 sentidos y sus conciencias, aunque permanece funcionando la mental, que no se basa en ningún sentido, ni objeto físico. Es la muerte clínica. Pero aún continúan procesos mentales e incluso se habla de una respiración interna, y comienza a suceder lo que se conoce como disolución interna, que es la desaparición de los estados de pensamiento y emociones. Los Maestros (que han realizado experiencias psicológicas, o vivencias en meditación, similares a las de su propia muerte, en el sentido de disolución pasajera de los procesos y estados cognitivos y emocionales cotidianos), aseguran que todo esto sucede durante unos 20 minutos tras la muerte clínica, y todo el proceso hasta la salida de la conciencia sutil al bardo o cielo, unos tres días; por eso recomiendan no tocar el cadáver durante ese tiempo
Del “Libro tibetano de la vida y la muerte”
Sogyal Rimpoché. Ed. Urano
Quien vive una vida interior sabe que la muerte es, sin duda, un descanso. Es todo menos extinción. Es una partida significativa. El cuerpo duerme pero el alma vela; el cuerpo muere, pero no el alma. Resolveremos el problema de la muerte cuando sepamos lo que es la vida. Y la vida no es el hecho de nacer, sino la consciencia, la energía con la que construimos la personalidad, la identidad, el yo mortal.
DISOLUCIÓN INTERNA (I): 4 Etapas a nivel mental
Declarada la muerte clínica (que no es la muerte real porque aún existe la conexión del cuerpo y la mente) continúa el proceso con lo que la Tradición Budista Tibetana conoce como Disolución interna, (Disolución no en el sentido de disolverse en la nada, sino de pérdida de poder de un estado y la mayor potencia que adquiere el siguiente)
El proceso de muerte refleja aquí, a la inversa, el proceso de la concepción. Cuando se encuentran espermatozoide (con la esencia blanca) y óvulo (con la esencia roja) de los padres, la conciencia impulsada por el karma es atraída por esa fuerza. Al unirse las dos gotas se constituye el soporte necesario para la entrada de la conciencia sutil, que no funciona ni es perceptible durante la vida cotidiana. Durante el desarrollo del feto, la esencia blanca del padre ha viajado por el canal central a la coronilla donde reposa, y la roja de la madre ha bajado para reposar en el chakra por debajo del ombligo. Al morir sucede al contrario, las dos esencias viajan desde su posición, por el mismo canal central, al corazón, y al abrirse, dejan salir la conciencia del cuerpo.
Esta etapa de gradual crecimiento y amanecer de planos de conciencia cada vez más sutiles, tiene 4 fases en la que se disuelven los estados de pensamiento y emociones; ya no hay signos externos, solo internos. Dura aproximadamente tres días tras la muerte clínica.
Fase de aparición: La esencia blanca desciende hacia el corazón, al desaparecer el viento que la retiene allí. La visión interna es la del cielo en otoño con una luz casi neutra, como rayos blancos de la luna. Es una percepción extraordinariamente clara. El proceso que se experimenta es que llegan a su fin los 33 estados de pensamiento que derivan de la ira.
Fase de aumento: La esencia roja, asciende hacia el corazón. Signo interno es una visión roja, como un sol que brilla en el cielo puro. Experiencia de gran dicha. El proceso es que desaparecen 40 estados de pensamiento que se derivan del deseo.
Si te has familiarizado con el proceso, sabes por dónde estás y que aún quedan dos etapas más antes de que acontezca la muerte real.

Consecución plena: Las dos esencias reunidas en el corazón, que es una puerta abierta al infinito, y se cierra al morir impidiendo el retorno al cuerpo, encierran a la conciencia Signo interno es de sensación de encuentro cielo y tierra. La visión es de oscuridad, como el momento final de la tarde, poco antes de que salga la luna. Estado mental libre de pensamientos. En el proceso se acaban los 7 estados de pensamiento que derivan de la ignorancia y el engaño. Se produce la perdida de consciencia, como un desmayo.
Clara Luz: Recobramos ligeramente la conciencia. Es un amanecer. Tenemos la mente de Luz Clara (neutral, mente de Buda) revelándose nuestra verdadera naturaleza de pureza, sin conceptos. La conciencia sutil que deja el cuerpo, manifiesta un cuerpo mental (como en los sueños) y va a la velocidad del pensamiento; sale del cuerpo al bardo, al cielo, un estado intermedio, un espacio claro, libre y gozoso en el que no hay limitaciones. La conciencia olvida todo lo referente a esta vida que acabamos de dejar y sigue adelante. Se puede decir que ha dejado un trabajo y se dispone a buscar otro.
Observa y compara este viaje al del nacimiento, que nos hace desembocar en un lugar desconocido, frío, desprotegido... pero enseguida luz, calor y seres que te esperan con amor. Esos primeros momentos serán siempre un misterio como los últimos.
Visualiza, familiarízate con el proceso, con las etapas de la muerte, imagínatelo, genera visiones (de los signos internos, los elementos, las disoluciones...) para acostumbrarte, para prepararte, para entrenarte, para saber qué sucederá en cada momento. Si nos sentimos listos y tranquilos cuando llegue ese instante, ya no temeremos lo desconocido sino que viviremos esa experiencia ya familiar, ya recorrida. Ya sabemos dónde vamos.

PROCESO DE LA MUERTE. ETAPAS POSTERIORES A LA MUERTE FÍSICA. ESTADOS INTERMEDIOS, TRANSITORIOS.
El Bardo Thödol es el tratado del budismo tibetano que con mayor precisión ha descrito los estados que preceden a la muerte física, cuando el alma o esencia sale del cuerpo hacia un estado transitorio.
Ha acabado el proceso de disolución interna mental (pensamiento y emociones) que dura tres días tras la muerte clínica. Repasémoslo: las esencias blanca y roja se han reunido en el corazón. Sucede una experiencia de oscuridad como la noche, después un desmayo, para despertar posteriormente a la Clara Luz, como un amanecer. Es el inicio de otro ciclo de nacimiento-muerte. Según filosofías y religiones orientales, la conciencia sutil, sale de el cuerpo, del chakra del corazón (es la muerte real, rotura del cordón de plata) y va al Estado intermedio, donde tendrá o una oportunidad de iluminación (si reconoce lo que sucede) o volverá a renacer (activándose las semillas de nuestras tendencias habituales). El Ser adopta un cuerpo mental (espiritual, astral, etéreo, energético, etc.) similar al físico pero sin deformaciones (San Pablo, habla de que resucitamos con un cuerpo espiritual igual al cuerpo animado y viviente que tenemos en este mundo). En su constitución parece sólido posee los sentidos y los 5 elementos, pero se mueve a la velocidad del pensamiento, y sólo está limitado por nuestros hábitos. No sucede nada que sea una decisión consciente, ya que estamos dominados por las reacciones (como en vida).
Durante un tiempo podremos no darnos cuenta ni reconocer que estamos muertos (debido a, primero, que vemos un cuerpo igual y segundo, por no tener creencias espirituales). En este bardo estaremos el tiempo necesario para que la vida futura vaya tomando forma poco a poco.
Es decir, lo que sucede en estos momentos no depende del estado de ánimo, sino de la capacidad de reconocer lo que sucede, de reconocer o no la verdadera naturaleza del Ser. Películas como “El sexto sentido”, “Los otros”, “La escalera de Jacob”, etc. abordan bien el tema de la eternidad, de que sino sabes nada de lo que va a pasar en el transito, en el otro lado, no entenderás nada seguirás vinculado por aquí pero ni te puedes comunicar ni entiendes tu estado.
Podemos olvidar, incluso las practicas realizadas, pero como han quedado grabadas unas huellas o semillas en nuestro continuo mental, unas tendencias a actuar según nuestra forma de ser, éstas se activan y regresa la memoria. El Budismo hace mucho énfasis en la calidad de los últimos pensamientos, antes de morir, pues, a modo de una capa externa del átomo permanente, los pensamientos atraen a nuestra parte material, física para una nueva existencia, que avanza con la fuerza del deseo de renacer. En el momento previo de la concepción, el Ser del bardo pasa por una muerte con todas las etapas (descritas en boletines anteriores) . En el instante de la concepción (cuando se unen las gotas roja y blanca) se produce una fuerte concentración, se comprime toda la información en una sola célula e inmediatamente comienza un proceso de expansión, de crecimiento y de multiplicación hacia el infinito. A partir de la segunda semana, los elementos se hacen presentes en el cuerpo substancial con su correspondiente papel formativo: la tierra da solidez; el agua permite que el cuerpo no se seque y le da fluidez; el fuego aporta energía, y el aire permite evolución, crecimiento. Cada semana sucederá un cambio, evolución y un nuevo viento, energía, dentro del cuerpo. Después de 9 meses, el Ser necesita salir de ese entorno, y por ello, rompe el cordón umbilical. Termina el estado fetal y comienza una vida independiente de la madre (como ya lo hiciera antes, en la muerte, rompiendo su dependencia de la Madre tierra, al cortar el Cordón de plata)
El cuerpo que muere no es el mismo cuerpo que nació. Para crecer debemos experimentar muchas muertes. Una y otra vez cambiamos de aspecto, de actitudes y comportamientos a medida que pasamos de una etapa de la vida a la siguiente. La persona que muere es solo una de esas que llegamos a ser mientras vivimos. (Richard Reoch)

http://ultimotabu.iespana.es/viaje2.htm

Fuente: http://elistas.egrupos.net/lista/budism ... /msg/4682/

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